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Piropos: el silbido de la igualdad

por Bárbara y María


      A raíz de las declaraciones de la Directora del Observatorio contra la Violencia de Género, Ángeles Carmona, cuyas palabras fueron: “El piropo, aunque sea bonito, invade la intimidad de la mujer y debe erradicarse”, se han dado multitud de opiniones y críticas. Ya que es un tema tan polémico a día de hoy, nos hemos propuesto dar nuestras humildes opiniones.

    El tema “piropo” es algo muy contradictorio y complicado. No es solo decir “Estoy de acuerdo” o “No lo estoy”, sino que tiene muchos matices. Para empezar definamos “piropo”. Por lo general solemos considerar estos requiebros como un halago espontáneo y agradable sobre la cualidad de una persona. Respecto a esto, hay quien dice que se puede considerar tanto lo agradable como lo soez u ofensivo un piropo, pero no coincidimos. Nosotras somos fieles a la primera definición, teniendo claro que estas lisonjas solo lo son cuando nos agradan hasta cierto punto, pero sin llegar a la vulgaridad. Los comentarios ofensivos no se pueden considerar otra cosa que no sea  simplemente un comentario a ignorar y a no tener en cuenta, pues no nos debe importar lo que un “sinvergüenza” desconocido diga de nosotros.

     Siguiendo en la línea, hablamos de los “ofensores” y “ofendidos”. Ángeles Carmona ha emprendido una contienda contra la galantería, pero ni ella puede afirmar que una mujer no se siente bien cuando alguien conocido e incluso, a veces, desconocido, le dice un piropo en un momento que es necesario. Con esto último nos referimos a que, dependiendo del momento y de la situación personal de cada mujer, el mismo piropo para una puede resultar agradable y para otra, todo lo contrario, refiriéndonos, claro está, a nuestra definición de piropo, es decir, a un comentario agradable como lo es un simple “¡Qué guapa estás!” o “Me encanta tu sonrisa”. Esto mismo lo manifiesta Marisa Soleto: “No conozco a nadie a quien no le guste un halago, evidentemente. Pero tampoco conozco a nadie a quien le guste que le intimiden y le griten groserías por la calle”. Para terminar con este punto, en clase se manifestaron diversas opiniones. Lo que quedó claro es que a la gran mayoría le incomodan los piropos y nosotras especificamos que la incomodidad puede estar inclinada hacia lo bueno o lo malo.

       Por otro lado, hay quien piensa que los piropos son sexistas, machistas, patriarcales y culturalmente inapropiados, como si fuera un derecho constituyente de los hombres. Como ya hemos dicho con anterioridad, hay que diferenciar entre piropos y comentarios ofensivos. Dependiendo de la sensibilidad de la persona, un comentario sobre ella puede resultar hiriente, aunque sea bonito y no sea con la intención de atacarla, pero no por ello quiere decir que sea ofensivo o que se deben evitar todos los comentarios. Además, las mujeres en mayor o menor medida hacemos muchos comentarios sobre los hombres, para ser más exactos, sobre su físico. La diferencia radica en que los solemos hacer entre nosotras y en la intimidad, pero sigue siendo una invasión al igual que la de ellos. 
 
      En conclusión, si debemos prohibir todos los piropos de cualquier clase, recordemos que incluye los de ellos y de ellas, ya que la igualdad va en las dos direcciones.

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